Marca Personal y fracaso

¿Estás condenado al “fracaso”? Sobre Marca Personal y fracaso profesional

Marca personal y fracaso: ¿son compatibles? ¿Qué entendemos por fracaso? ¿Qué entendemos por éxito? ¿Alguna vez te preguntaste si la imagen que estás construyendo de vos es el reflejo de tu identidad o, si es como muchas veces pasa, una máscara de algo que no representa el valor de tu marca? Te regalo hoy este post reflexivo, para que juntos podamos entender un poco más cómo comunicar nuestra marca personal.

¿A qué le llamamos un fracaso?

Hace poco tuve que encontrarme realizándome esa pregunta. Definimos fracaso comúnmente como un hecho totalmente destructivo, algo que no tiene vuelta atrás. Muchas veces lo confundimos con frustración, y entonces nos hallamos en situaciones de angustia y desesperación en la vida a las que llamamos fracaso y no lo son. El fracaso es un punto final. No hay posibilidad de que nada más siga luego de él.

Según la definición de la RAE, el fracaso tiene carácter destructivo. Y es interesante este punto, porque nos lleva a resignificar el sentido de la palabra, y entender que muchas veces nombramos a las cosas con un peso simbólico que naturalmente no tienen. Así como impregnamos situaciones y sentimientos de ese peso, y terminamos por cargar mochilas que no corresponden. Pero esto no viene al caso, es una introducción para contarles un poco el por qué el título de este post. Y qué van a encontrar a continuación.

La palabra “fracaso” está entrecomillada, porque en realidad casi ninguna situación de la vida es un punto final, sino que muchas veces significa un punto aparte. Y quizás hoy estás en un punto aparte reevaluando tu marca personal, y no sabés que no estás fracasando sino avanzando en otra dirección.

Pero bien que leer el título te llama la atención y entraste a leer ¿o no? Y de eso es un poco lo que habla el post de hoy.

La condena de la Marca Personal: el sobre Marketing

Material sobre Marca Personal abunda muchísimo, y últimamente no he parado de toparme con un montón de artículos que enseñan recetas mágicas para venderte, pero dejan de lado la verdadera teoría de la Marca Personal.

Hace unos años, hablé sobre la teoría del Iceberg de Ernest Hemingway. Literariamente hablando, Hemingway refería que el relato que conoce el lector, en realidad es un pequeño porcentaje del trabajo total; que hay muchas partes que sólo conoce el escritor y que están sumergidas y ocultas, precisamente porque son el eje de la obra. Así también creo que es la Marca Personal. Nuestra imagen es un reflejo de nuestra identidad, la cual está compuesta por el auto-conocimiento y la auto-gestión.

Recientemente leí un artículo de Andrés Perez Ortega sobre lo que uno vende en realidad de uno mismo. Y lo que considero es la diferencia entre una marca bien trabajada y un título marketinero pomposo, como relata el autor. Hoy en día es muy común que contra más ruido hago de mí mismo (en el título, las redes sociales, mi perfil de Linkedin, etc) más me van a conocer, y por ende más me van a contratar.

Lo cierto es que ese exceso de sobre marketing que hacemos de nosotros mismos puede jugarnos en contra a la hora de vendernos.

¿Cuál es el valor que realmente aporto yo?

¿Les ha pasado alguna vez que han ido a una entrevista y les han preguntado por qué deberían contratarlos? Piensen un segundo en la respuesta que dieron esa vez. ¿Realmente vendieron su esencia o sólo hicieron un poco de sobre marketing?

¿Cómo encuentro mi valor?

Para encontrar mi valor primero tengo que centrarme en el primer eje del Iceberg: el autoconocimiento. Hay muchísimas técnicas que puedo implementar para conocerme a mí mismo profesionalmente, pero yo siempre sugiero la técnica del FODA. El FODA es una herramienta que permite plasmar en un cuadro todas mis fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas. Las fortalezas y debilidades son internas (mis virtudes y cosas a mejorar) y las oportunidades y amenazas tienen que ver con el contexto en el que vivo (qué factores pueden influir positivamente y negativamente en mi personalidad)

De ese análisis, puedo obtener la principal fortaleza que adecuada en el contexto actual brinde mayor valor. 

La forma de comunicar ese valor es otro tema, y tiene que ver con la posibilidad de definirlo desde la perspectiva del otro, desde su mirada. Así, la Coca Cola no te quita la sed, te está dando felicidad. O un Mercedes no te traslada de un lugar a otro, sino que te está dando prestigio y status. Por ende yo no soy una persona comprometida, te estoy dando la tranquilidad de poder confiar tu empresa en mis manos.

Resignificar mi marca personal

Así como más arriba hablé un poco sobre resignificar ciertas palabras por el peso simbólico que pueden generar en uno, también creo que es bueno que resignifiquemos el valor de nuestra marca personal. Muchas veces creemos que un título nos da nuestra identidad, y nos olvidamos que es mucho más que eso.

Somos la conjunción de muchas fortalezas, debilidades, oportunidades, amenazas, misión, visión y objetivos, tanto o más que una empresa. Somos un proyecto de auto gestión y comunicación constantes, y si prestamos muchas veces tanta atención a las organizaciones de las que somos parte, ¿por qué no revernos de nuevo y reconstruir nuestro capital más importante: nuestra propia marca?

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